Friday, March 20, 2009

Blanca es una lágrima


PALABRAS PARA UN CANTO

¿Cómo fue ayer aquí?
Sólo hemos alcanzado estos restos,
el vaso que ilumina con su lejano y obstinado silencio,
el pájaro herido en el esmalte al alcanzar el fruto.

Llegamos con la puntual indiferencia del nuevo día
saltando sobre la desgracia con precisión de atletas.
Hemos dormido bajo las estrellas
hemos perdido el tiempo.

Parcas, Ancon,Chavín de Huantar.
Esas son las palabras del canto.

¿Cómo fue ayer aquí?
No hablemos de dolor entre ruinas.
Es más que la palabra,
en el aire de todas las palabras,
el aliento humano hecho golpe en la piedra,
sangre en la tierra,
color en el vacío.

Yace aquí,
entre tumbas sin nombre,
escrito en el harapo deslumbrante,
roja estrella en el fondo del cántaro.

Por el mismo camino del árbol y la nube,
ambulando en el círculo roído por la luz y el tiempo.
¿De qué perdida claridad venimos?



Blanca Varela
1926 - Marzo, 2009

Wednesday, July 09, 2008

Os anjos...

Os anjos voam. Quando correm ha novidade a levar.
É sempre quando assim acontece notícia boa, señao não eram anjos.
...


O medo engendra sonhos e fantasmas. Sonhos que se apalpan e fantasmas com quem se fala. É surgem assim, sem mais, no alto mar em frente da proa
...

De un Painel Do Mar



F. C. N° 11, S.:
D. E. F. D. M. C.
"Quem parte leva consigo o que lhe traga o bem e o proteja..."


Tuesday, June 17, 2008


Monday, April 28, 2008

Ripucuchcaniñam ccamña allimlla de Juan Osorio Ruiz

Quipu 3: Juan Osorio Ruiz

El tercer escritor elegido para su publicación en Quipu es el hasta hoy inédito narrador Juan Osorio Ruiz, nacido en Huancayo en 1976.

A partir de la fecha, Quipu anuncia que sus ediciones serán mensuales y ya no quincenales, de modo que los cuentos o poemas ganadores serán publicados por la red de blogs asociados al proyecto no cada dos lunes, sino cada cuatro lunes de ahora en adelante, para facilitar la labor de las personas encargadas de la evaluación.

Asimismo, comunicamos a los lectores y participantes que uno de los ofrecimientos que recibimos en un principio, la publicación impresa de los textos en el suplemento Identidades del diario El Peruano, no se ha podido mantener en pie en razón del poco espacio disponible en el periódico, motivo que escapa al poder de los encargados de este proyecto.

Quienes necesiten recordar las bases de participación, podrán verlas en los blogs Puente Aéreo y Quipu esta semana.


Ripucuchcaniñam ccamña allimlla
Juan Osorio Ruiz

Mi bisabuela llegó desde Huancavelica unos meses después de la muerte de mamá, a mitad de una tarde en la que las ventanas lagañosas impregnaban de frío la sala de mi casa। Llegó del brazo de mi padre, su nieto, envuelta en sus innumerables polleras, luciendo un sombrero gris decorado con coquetos ribetes rojos, saludándonos con tiernas frases quechuas llenas de diminutivos y con una minúscula maletita en la que traía todo lo que necesitaba: una que otra prenda de ropa, una bolsita con menjunjes que sólo ella sabía utilizar y el álbum de fotos familiares de contenido casi arqueológico.

Una vez instalada en la que era hasta entonces mi habitación, mi padre nos convocó a mis hermanas y a mí para pedirnos estar siempre solícitos y atentos con ella por lo avanzado de su edad. Sin embargo, pronto descubrimos que mi bisabuela tenía la rara cualidad de anticiparse a todo, y a todos: se levantaba muy temprano y con el caminar propio de quien ha comprendido que hay un momento en la vida a partir del cual toda prisa es inútil, pues todo plazo se vence y toda prerrogativa se acaba, se dirigía a la cocina a preparar el más viscoso y más delicioso quáker con leche del mundo. Y antes de que cualquiera de nosotros dijera “Buenos días abuelita” ya estaba ella disponiendo las ollas y cortando las verduras en trocitos de exactitud matemática para prepararnos el almuerzo. Y mientras se cocían las verduras y echaban color los guisos, se sentaba al lado de la cocina a gas, que desdeñaba en un comienzo, a saborear sus trocitos de pan remojados en quáker con leche, haciendo largas pausas y dando mordiscos suaves y periódicos, cual sacerdote en ofrenda eucarística, con una parsimonia que no era producto de la disminución de sus fuerzas, sino de su sabia actitud ante la vida.

Mi abuelo, su hijo, había llegado también a nuestra casa un mes antes a insistencia de mi padre pues los muchos años de bohemia le estaban pasando factura (intereses moratorios incluidos) y aunque a regañadientes, había sido internado en una clínica cercana donde tratarían de curarlo. No había pasado ni una semana desde la llegada de mi bisabuela cuando recibimos la noticia de que los riñones de mi abuelo habían dejado de funcionar. Tras una corta agonía falleció por insuficiencia renal.

Dicen que mi bisabuela había criado a mi padre, su nieto, a mi abuelo, su hijo; había cuidado también de su esposo, mi bisabuelo, y desde muy corta edad, se había encargado de la atención de su padre, mi tatarabuelo. A la luz de los resultados, su caprichosa buena salud no había sido un don tan preciado pues mientras los eslabones más antiguos de esa cadena interminable que es una familia, se habían ido muriendo, a ella le había tocado en suerte mantenerse a pie firme sosteniendo la cadena, sepultando a los más antiguos, y cuidando de los más jóvenes sin emitir queja alguna.
Al contrario de lo que todos pensábamos, la partida de su hijo, mi abuelo, no la afectó demasiado, parecía siempre encontrarse de buen ánimo, excepto algunas mañanas muy temprano, cuando yo la sorprendía sentada en el jardín interior de la casa, con la mirada perdida y hablando sola con ese tonito arrullador que sólo la gente de la sierra es capaz de pronunciar, delicioso, melancólico y musical.

A partir de la muerte de mi abuelo fuimos nosotros, sus bisnietos, los destinatarios de toda su atención; sus mimos se hicieron más prolíficos, sus comidas más reconfortantes, las conversaciones en quechua con mi padre fueron más subliminales a mis oídos y los tejidos de tupida lana con los que nos enfundaba para soportar el frío serrano no tuvieron comparación.

El relato de Juan Osorio Ruiz puede leerse completo aquí
Madrugada, llueve en Santiago, creo que es la primera vez que sucede desde que llegué a esta ciudad. Llueve y es tal la fuerza de la lluvia que no he logrado conciliar el sueño. Llueve con tanta fuerza, me repito, ha llovido toda la noche y me he detenido a dejarme acompañar por la lluvia. Es ya de mañana y no para, vuelve a llover, la sinrazón de los chubascos en mi alma. El dolor tal vez sea distinto, ese sentimiento que no termina de abandonarme sale a flote para caer también con la lluvia. Llueve y no es solo eso, las gotas pesadas y amargas bañan esta ciudad extranjera, caen sobre el techo de la casa, inundan las veredas, las otras casas, el paraguas de aquella señora cruzando la otra vereda y caminando hacia la esquina hasta desaparecer mientras la observo irse. Llueve y no es solo eso. Son las calles, las veredas inundadas formando charcos en el suelo, las gotas cayendo sobre las pistas desde ese techo que cubre la ciudad entera.

Hace un par de semanas que no logro dormir bien, la alteración de mi sueño es casi notoria, tal vez un tanto comprensible. Pienso todo el tiempo, necesito descansar lo suficiente y luego retomarlo todo. Llueve, todavía recuerdo lo último que escuché en el noticiero antes de apagar la TV anoche, el pronóstico del tiempo señalaba una ola de frio en todo el país. Hoy ya se pueden sentir cada una de sus precipitaciones intermitentes, es esta ciudad la que me cura y en la que busco abrigo.

Saturday, April 26, 2008

En Chile el debate de todo este último mes que ha polarizado al país sureño en opiniones encontradas bastante curiosas en los periódicos y la TV -mediante titulares y manifestaciones de mujeres, feministas, religiosas(os) en pro o en contra del tema-, es la bendita píldora del día siguiente. Un universitario chileno que conocí la otra noche en una de las actividades realizadas en la Biblioteca Nacional de Chile por el día del libro, mencionaba con cierta preocupación el tema durante nuestra conversación y la mentalidad todavía "medievalista/retrograda" que veía a la base del debate en su ciudad, sobre todo en sectores ligados a la iglesia. El jovencito era más bien un estudiante de la teoría marxista. Yo estoy a favor de la vida pero personalmente creo en la libertad de la mujer para decidir con responsabilidad si tener hijos o no y cuándo tenerlos. El asunto me hizo recordar el mismo debate en Perú hace pocos años y por ahí un artículo en Debate Universitario:

"La “píldora del día siguiente” El controvertido “anticonceptivo” (AOE), también llamado “píldora del día siguiente”, más allá de su letal efecto químico, está teniendo un saludable efecto “psicoquímico”, como catalizador de la opinión pública...
(Continuar leyendo aquí)

Curiosa caricatura tomada de internet


P.S: Dª. sí, me dí cuenta a qué tipo de lectura se prestaba el post tal como estaba anteriormente, con el enlace aquel aludiendo a esa suerte de "Revolución marxista/sexual" acaecida por el tema del anticonceptivo y una reciente amistad. No po´, ni de bromas. Vale, ya lo corregí, gracias por avisar.
Saludos, sigo manteniendo una óptica más bien conservadora sobre el tema. Hoy hace mucho frio en Santiago y ya es de madrugada, colgaré algunas fotografías que tomé en ese lugar llamadado Cajón del Maipu el domingo pasado. Ojalá les gusten. Por aquí estan remodelando mi blog desde inicio de semana, a ver cómo termina. Los extraño mucho familia. Besossss y abrazos.

Friday, April 25, 2008

Quien ama corrige, recuerdo haber escuchado innumerables veces ese dicho. Estos meses miro el mundo con otros ojos, mientras observo asustada los de ese sujeto en un blog, lagrimeando desde su ojo derecho. He acumulado muchos días de reflexión en Santiago, después de tantos años de amar y creer, y tener fe en algo la vida te ayuda a abrir los ojos y mirar a tu alrededor, repensar. Aunque a veces no sepa en qué creer ni qué pensar.

A algo le tengo terror: los países crecen con una, con su gente, pero hay un abstracto Estado de la letras que no merece otro Pinochet ni ningún otro dictador en el curso de su historia.

Quien ama corrige y corrige con amor.
La voz se debe a ti, Madre.

Tuesday, April 22, 2008

Madre:

Tu dolor me duele a través del teléfono. No sé con claridad que te pueda estar pasando allá tan lejos. Aquí extraño Lima, pero el frio de los últimos días me recuerda un poco a la ciudad querida y no es tan distinto. Ahora pienso que seguramente debía llevar tu nombre junto al de abuelita no solo porque papá así lo había dispuesto cuando nací, sino tal vez para recordarme siempre -desde donde él cuidara mi camino- que tu vientre sagrado es mi origen y que solo a ti y en ti me debo, a pesar del dolor mutuo de nuestra distancia, de mi soledad sola. Necesito alcanzar tus mejillas con mis palabras para tranquilizarte y dejarte ir a dormir tranquila al menos esta noche. No más lágrimas en ti ni más tensiones en tus sienes. Mi pena también es causarte tristeza, mi locura -cuando vez que algún daño te causo sin darme cuenta- no poderme en el olvido y escribirte con el corazón en la mano algunas palabras, un instante que dibuje a mi torpeza secando tu rostro en tu amargura cansada de todos estos años. Quiero imaginar que ya no lloras, que te quedas a mi lado abrazada a mí, yo a ti abrazada y así irte durmiendo al menos esta noche, segura ya de tu descanso y de tu calma, protectora fiel de mi sueño.

Los días son buenos en esta ciudad. Salgo lo necesario. Salimos el domingo y los pequeños sonreían una vez en el camino. Yo cansada y falta de sueño logré respirar en algun momento algo de aire puro. El cielo se veía hermoso, un parte de la Cordillera de los Andes se avistaba desde lejos. Después, más allá, como al regreso, S venía a mi lado a sentarse junto a mí en una piedra en la que andaba sola, él, pequeño y con los pies descalzos en diez años; luego K me llamaba a veces, cuando intentaba cruzar un lado del río y me pedía ayuda, pequeña y pura en su sonrisa de nueve años. Tomé algunas fotografías en ese lugar al que fuimos a dar fuera de Santiago, una llanta desinflada, una ruta sin camino y una gran pena por la noche. Tome un recuerdo de minutos para no olvidar aquel lugar, para recordarme a mí misma a quien nunca podría amar por su ceguera y recuperar frente al calor de una chimenea cuan profundo es el amor de aquel a quien amo con todo y su locura.

Caminaba anoche regreso a casa y una pareja circulaba al parecer también por la misma calle y tras de mi. No pude evitar escuchar algo de lo que decían y mirarlos extrañada, entonces recordé algunas palabras que me enviaron hace poco y siempre tengo presentes:
Hay personas que nos hablan
y ni las escuchamos,
hay personas que nos hieren y no dejan cicatriz,
pero hay personas que simplemente aparecen en nuestra vida
y nos marcan para siempre.
(C. Meireles ¿?)

También recuerdo estas otras para algún ciego:
El amor es la mejor música en la partitura de la vida.
Sin él serás un eterno desafinado
en el inmenso coro de la humanidad.
(Roque Scheneider)

Te extraño ma, debo seguir trabajando aunque termine agotada después. Esta es mi vida, lo que tantos años me ha quitado el sueño. Ten seguridad de que todo esta bien, ten calma. Me espera un libro en una biblioteca el día de Cervantes según un programa impreso que vi ayer en la tarde, tal vez me ayude a comprender algunas cosas. Volveré a buscar a ese sacerdote para conversar, lo haré por ti. Mi fe esta asida a esa ferviente y silenciosa oración privada de aquella madrugada, mi agnosticismo a la caparazón de los confesionarios, al genio duro en la estructura de alguna iglesia.

Un beso mamá, te amo, ya no sigas preocupada. Estoy bien, escuchando atenta y fuerte algunas respuestas que llegan para mis preguntas. Descansa por favor tú tranquila, estoy bien, buenas noches.



P.D.: Hace más de un mes preguntó J. si acaso yo tenía más blogs de los que figuran en mis enlaces, o algún seudónimo o varios con el que escriba como hay por allí gente que suele hacerlo. Dije No. Porque no los tengo ni los creo ni formo parte de... ni nada de nada. Unos días después para que no le cupiera duda dejé la anotación de "Mis únicos blogs" para que tenga él (y mis amigos y tú también), la seguridad de que así es. No tengo tiempo para dilapidarlo en tonterías. Besos.

Friday, April 18, 2008

Cuestionamientos

Alguna vez podrás decirme quién eras o eres "Eliseo Ayala" y cómo llegaste a mi blog en medio de este mar que es la Internet. ¿Me escuchas "Eliseo"? ¿En verdad eres mexicano y fue el azar lo que te acercó a mí y a Borrones?, ¿de verdad querías ayudarme? ¿O tratabas de ayudarte a ti mismo aquellos meses? ¿Quién eres, Eliseo? Dónde esta la verdad si no es necesario mentirme.

¿Hay alguna Verdad asible que le pueda ser otorgada a mi "autismo" y a mi "soledad despistada del mundo", según las nominaciones que llegan a mi correo cuando mantengo mi silencio porque mejores cosas ocupan mi día a día desde que cerré Borrones y otros. He vuelto acaso a la internet para el Lomismo ¿Qué confesiones lanzas Patricia?, ¿a qué salvaje país se fue Iván, porqué teme regresar como si no hubiera pasado nada. ¿Qué pasa en la Internet y porque no entiendo lo que sucede y los demás parecen entenderlo todo? ¡Caracoles!, ¿de dónde son los Apaches o en qué planeta existe el Shangri-la?, ¿eres argentina, Fanny Ardant? ¿Quién es Xavier Velasco? porque lleva el mismo apellido de uno de mis mejores amigos de la Facultad de Educación y el nombre de pila de mi primo-hermano de Magdalena del Mar? ¿Es esa una asaroza relación encontrada por fin con sospecha, o parte de la paranoia bipolar de algún ser superior que todo lo observa y envía señales de humo para que las lea? ¿Quién es Eduardo Mendoza y cuándo podré leer su historia sobre Pomponio Flato restándole tiempo y dinero a mis bolsillos? Qué sentido tienen las flatulencias seudónimas, anónimas y de alimentación pedestre en la última cena de Úrsula, tan salvaje ella. ¿Por qué mis llamadas a mi madre son intervenidas por Telefónica del Perú en mi casa de Lima? ¿Ocurría todos estos últimos años que viví en Lima? ¿Es mi cuenta de hotmail intervenida también desde hace meses y rellenada de mensajes spam manipuladores que apelan al chantaje sentimental de quien los crea? ¿Quién los crea y envía? ¿El fantasma de mi vida?

¿Son acaso locas las que hablan en voz alta y el silencio es la señal de su "retardo mental" envuelto en bolsas de plástico? O parte de la sabiduría inarticulada frente al absurdo cansancio que ocasionan los que hacen la guerra de las galaxias? No, no estoy loca y por eso hablo en primera persona para no perderme en la esquizofrenia bipolar del granuja del cartel al estilo "Aunque Usted no lo crea...", tan amoroso, multifacético y plurinominal ¿D. Guimas? ¿Ha visto que nunca le mentí y he logrado dejar de naufragar por la vida a costa del esfuerzo de decirle a mi madre que no estoy loca ni depresiva, que es el azar y la casualidad la que me tenía extrañada y casi paranoica y por eso el llanto. ¿Cómo se desliza información a ese vecindario extraño por el que he asomado ayer en la tarde?.

"Eliseo Ayala", existes de verdad ¿Quién eres en realidad y cuál es tu magdala? con toda la paranoia que no logro comprender y a la que ahora una Teresita Chilena me pone sobreaviso? el mundo podría ser para volverse locos. Háblame con la verdad, aunque sólo sea un cuento que yo pueda comprender sin necesidad de grafittis.

Fernando G. Toledo ¿eres real y Mendoza existe? Le tienes fe al mundo y a tu hijo todavía pequeño. No me hables con retórica, no me interesa la forma, necesito la Verdad de fondo.

¿Causa molestia mi presencia después de 7 meses fuera de la red, ¿enfada a alguien mi ignorancia de lo ocurre en el mundo? No, no entiendo. No entiendo ni quiero irme hasta saber la Verdad.

¿A dónde se fue el otro Santiago?, yo sólo conozco estas calles que llevan su nombre sin necesidad de espadas. Yo siempre aquí, desarmada siempre.


Te amo mamá, gracias por decir que me amas, admiras y extrañas. Siempre me haces falta, yo siempre tan pequeña sin poder alcanzarte. Es la primera vez que te escucho extrañarme y amarme, y me duele tu tristeza, pero aquí estoy todavía con vida y mis palabras te piensan y te escuchan siempre. Te aguardan siempre como a la Verdad. Te amo, Madre. Yo siempre pobre Marcela.

Tuesday, April 08, 2008







Las fotografías pertenecen a la casa de playa de Neruda, una llamada Isla Negra. Confesaré que no sabía de la existencia de este lugar, tal vez alguna vez escuché hablar de ella pero nunca antes había reparado de tal modo en ella como para intentar hacer un viaje y conocerla. Así que fui a conocer esa casa y su casi mítica historia gracias a la recomendación de JuanLuis y Anne el mes pasado, ambos una pareja de esposos e inigualables amigos en Perú. Él un amigo poeta y antropólogo dotado de una extrema sensibilidad por la palabra, una aguda capacidad para escuchar a sus amigas, aconsejarlas y abrigarles el corazón con un gran abrazo; ella una profesional francesa de hermosos ojos azules con un profundo amor reservado para el bueno de Sunna. Conocí gracias a ellos una residencia hermosa, elegante y cimentada con inigualable fortaleza cerca a una inspiradora playa del sur del Océano Pacífico. Los extraño a ambos, a mamá y mis hermanos, a mi país, a las personas importantes para mí, pero supongo que así ha de ser la distancia hasta mi regreso cada que aguardo las comunicaciones semanales de aquellos que quiero y siguen pasando los días.
El verso del post anterior estaba inscrito en un pequeño monumento dedicado a las gaviotas admiradas del poeta chileno en una plazita de las afueras de aquella vieja casa. El verso inicial de aquel poema se quedó grabado en mí con tanta fuerza que no he podido borrarla de mi memoria después de leer el poema completo. Me quedé con la cadencia de ese verso primero y por ahora también me quedo anclada con libertad en este país sereno por un tiempo mayor al pensado inicialmente, una decisión reciente que al no ser prevista no me permitió traer conmigo en la maleta viajera ropa de invierno.
Sé que habrá forma de solucionar ese hecho con una visita a esos centros comerciales que aquí llaman molls. Todavía sale mucho sol por las mañanas en esta ciudad aunque poco a poco se va sintiendo un poco de frio.
Buenas noches y abrazos, Vanessa

Wednesday, April 02, 2008


"Para que tú me oigas
mis palabras se adelgazan a veces
como las huellas de las gaviotas en las playas"
...

Poema V de Pablo Neruda


En la fotografía: Playa Algarrobo, marzo de 2008

Un cuento de Álvaro Díaz Ávila

Quipu 2
El segundo autor elegido en esta nueva etapa del Proyecto Quipu es Álvaro Díaz Ávila, chiclayano de veinticuatro años, que estudió periodismo y que ahora dice dedicarse a algo “que no tiene nada que ver con eso”. Para esta quincena los jurados fueron Daniel Salas y Gustavo Faverón. Se le recuerda a quienes quieran participar que pueden enviar sus cuentos o poemas al correo gfaveron@gmail.com. Los cuentos no seleccionados para una quincena serán considerados para las quincenas siguientes.

EL JARDÍN DE LOS ONANISTAS de Álvaro Díaz Dávila puede ser leído en Quipu

Wednesday, March 19, 2008




Estos días estoy de viaje por tierras sureñas, visitando familiares, amigos, calles, bibliotecas, museos, filmotecas, parques y cuanto lugar pueden pisar mis pequeños pies en una ciudad hermosa, acogedora y, para mi sorpresa, extraordinariamente religiosa. Ando emocionada, pasando días reflexivos en esta ciudad, conociendo cada día rostros y paisajes nuevos. Dejo arriba una gaviota en pleno vuelo y abajo el primer cuento ganador de esta etapa del Proyecto Quipu, espero que lo difruten y pasen una buena Semana Santa en Perú. Ojalá pueda tomar algunas fotos propias y colgarlas a mi regreso.
Fuertes abrazos y mis mejores deseos para estos días de fiesta, Vanessa

Proyecto Quipu- El árbol de Julio Meza

Para la primera edición quincenal de esta nueva etapa de Quipu, se recibieron seis decenas de textos de jóvenes autores (no todos llegaron a ser revisados, muchos de ellos se juntarán con otros cincuenta textos llegados en los últimos quince días). Los jurados encargados de esta primera selección fueron Javier Gárvich y Ernesto Carlín, quienes eligieron de común acuerdo los dos cuentos enviados por Julio Meza, subrayando sobre todo uno de ellos, “El árbol”. Julio Meza (Lima) tiene veintisiete años, es un abogado graduado en la PUCP que ahora se dispone a estudiar literatura en esa misma universidad. Ha publicado un libro de cuentos, Tres giros mortales, en la editorial Casatomada que dirige Gabriel Rimachi. Administra un blog de crítica de rock llamado Atrapa la Luz (www.atrapalaluz.blogspot.com).
El árbol

Al este de un cielo de nubes blanquecinas, el sol se levantaba con su característico vigor matutino (parecía un hombre luminoso que se despereza exhibiendo una panza abultada) y, con su fuerza natural, lanzaba sus rayos amarillos que producían iridiscencias en las rocas de los cerros imponentes. Varios metros más abajo, en el pueblo, las tejas rojizas y las ventanas de las fachadas brillaban por el emerger de la mañana, y estos pequeños resplandores formaban raras constelaciones que podían verse desde las lejanías. En la plaza, la iglesia mayor proyectaba una sombra alargada, que aumentaba de tamaño hasta atravesar el asfalto, ingresar al jardín central y refrescar la banca de madera que acogía a un mendigo. A una cuadra, en la calle que conducía al río de aguas tranquilas, se encontraban las casas de las personas más pudientes, y, por ello mismo, el sector más cuidado y agradable de todo el valle. Una de esas construcciones, que se ubicaba en una esquina concurrida, era la del señor, un hombre de edad avanzada, pero con un cuerpo tan recio que daba la idea que los años, en vez de afectarle, le habían dado una fibra invencible. Frente a su puerta principal, por donde recibía las visitas de sus pares, se ubicaba el resultado de las décadas completas que había llevado en ese lugar: un árbol de raíces profundas, tronco grueso y firme, y ramas y hojas de una gran abundancia.
-¡Cuánto se demora este bruto! -dijo el señor, saliendo a la vereda para buscar al jardinero.
A una centena de metros, el jardinero venía caminando lentamente, como si reflexionara con paciencia antes de dar cada paso. Sobre su espalda encorvada, y en una bolsa de rafia, llevaba sus herramientas de trabajo, algunas ropas y un frasco con gasolina. “Pero qué rico”, pensó, luego de sentir el calor del ambiente en su cuerpo, y se puso a silbar. La melodía que brotaba de sus labios era en apariencia alegre, pero tenía una corriente subterránea que la tornaba melancólica y, en algunos momentos, hasta vertiginosamente triste. Por más que se esforzó (puso un dedo en su boca y junto los dientes), no logró evitar el aire oscuro de su música. “Parece que mi interior me manda un mala señal”, caviló, y, sin embargo, continuó soplando con ritmo.
Luego de pasar por una bocacalle, vio al señor, que exhibía un rostro de exasperación, y recién avanzó con rapidez, pues entendió que estaba llegando tarde. “Uy, el señor está amargo, creo”, pensó.
Ya delante de su patrón, bajó sus cosas y saludó con verdadero cariño: - Señorcito, buenos días. ¿Cómo se encuentra hoy?
-A ti que te importa cómo estoy -respondió el señor, agresivamente-. Debiste aparecer hace media hora.
-Sí, señorcito -dijo el jardinero, bajando la cabeza-. Pero no se moleste. Al fin y al cabo, he llegado ya, ¿no?… Dígame, ¿para qué soy bueno?
-Primero, la próxima preséntate más temprano -manifestó el señor-, porque de lo contrario no te daré ningún encargo -y, relajando su mal carácter, señaló el árbol-. Bueno, ¿ves a ese?
-Sí.
-Deseo que lo hagas caer.
-Pero… -dijo el jardinero, mirando el árbol por un momento- ese está sano y fuerte. ¿Por qué quiere que lo baje?
-¡A ti qué te interesan mis razones! -el señor volvió a encolerizarse-. ¡Sólo córtalo!
-Como desee, entonces -aceptó el mandado el jardinero -. Lo haré lo más pronto que pueda.
-Espera -agregó el señor, rascándose la cabeza-. Si te lo cuento, tal vez trabajes con más ganas.
-A ver, señorcito.
-Mira, sucede que mi mujer está muy enferma -se explicó el señor-. Ella cree que va a morirse. Pero considera que eso no sucederá hasta que cante un ave de mal agüero. Y en el único lugar en que se puede colocar dicho animal es en ese árbol. Por lo tanto, mientras no exista esa planta fregada, ningún pájaro se hará escuchar.
-Entiendo, señorcito -dijo el jardinero, respetuosamente.
-Bueno, ahora me voy -finalizó el señor-. Tú ya sabes cuál es tu trabajo.
Mientras se retiraba el señor, el jardinero se paró delante del árbol y lo observó con atención: bajo el sol intenso, tenía un aire majestuoso y superior, como de alguien importante. “Además”, pensó él, “parece de ánimo duro y voluntad terca, igual que un señorón de esos”. De inmediato, el jardinero se acobardó, y contrajo el cuerpo hasta juntar la quijada con el pecho. Su meditación le indicaba que debía mostrar respeto, pues no estaba tratando con un igual. Pero, luego de unos segundos, cuando se dio cuenta que estaba frente a un árbol, se irguió por completo, se colocó en posición de pelea, y dijo en tono desafiante: -No me vencerá ni con su porte de señor ni con nada… ¡Y, por último, no permitiré que le haga daño a la señora!
Desde la perspectiva del jardinero, el árbol pareció responder a sus palabras: se agitó ligeramente, como si se estuviera riendo ante su amenaza.

***

-Ha llegado su fin, señor árbol -se animó el jardinero, levantando la tijera de podar-. Ahora sabrá de mi oficio.
Con una minuciosidad de artista, y sobre su escalera de tablas, empezó cortando las ramas más pequeñas. Para alguien no avisado, daba la sensación de estar realizando una labor de peluquería, pero trasuntada a los oficios que requieren las plantas. Luego de varios minutos, cuando terminó con su tarea, y dejó al árbol sólo con su enramado grueso, tomó el machete y, con golpes secos, acabó por tirar abajo esos brazos marrones y tortuosos. Ya con la cara y el pecho manchados de tierra, descendió al suelo, y procedió a alistarse para el trabajo más arduo: quebrar el tronco. Empuñando el hacha con ambas manos, taló una y otra vez, deteniéndose a ratos para secarse la frente o beber agua de una botella de vidrio. Media hora después, cuando estuvo a punto de concluir (sólo faltaban tres o cuatro hachazos), cogió la soga y, con mucha precisión, la envolvió a un lado del tronco. A continuación, tiró con potencia, hasta que, tras el grito “¡cuidado abajo!”, el árbol cayó vencido, desplomándose en su integridad.
-Le dije que acabaría con usted -soltó el jardinero, dibujando una media sonrisa-. Ahora, pues, le verá el señor.
Mientras tanto, el sol seguía gobernando con ímpetu, lanzando sus rayos como si estuviera dando su bendición a todos los seres existentes. En respuesta, las flores abrían sus pétalos de colores, invitando a que cayera en su interior un poco de la energía dorada que se desperdigaba por el campo; y los animales, con una alegría que manifestaba éxtasis, jugaban desplazándose de un lugar a otro y produciendo una bulla disonante pero feliz. Más allá, sin embargo, un conjunto de nubes albas, que poco a poco se volvían de un gris espectral, acechaban como fantasmas, y expandían su sombra tensa por algunos bastos territorios. A su vez, el viento, al que parecía fastidiarle la claridad del día, exhalaba hacia el este, ora con suavidad, ora con una potencia desgarradora, y, lentamente, desplazaba a los copos blancos del cielo a su encuentro con el astro rey.
Avanzando sin apuro, el jardinero se acercó a la casa y tocó la puerta. De inmediato, el señor se asomó y preguntó qué deseaba.
-Ya he acabado, señorcito -dijo el jardinero, con tono alegre-. Puede decirle a su señora que esté tranquila. Nada le va a pasar.
-Oye, ¿pero tú estás bruto? -se molestó el señor y, estirando un dedo, indicó-. ¡El árbol sigue allí!
-¿Qué? -se impresionó el jardinero, volviéndose-. Pero si hace un rato…
-¡Cumple con tu tarea, so vago! -concluyó el señor, y lanzó la puerta.
Estupefacto, el jardinero le puso los ojos al árbol con una cólera ardiente: este se hallaba con su tronco intacto, sin ninguna rama quebrada y con su mechón de hojas llenas de una vida arrogante.
-No me la va a hacer -reventó el jardinero, colérico-. ¡A mí no me la va a hacer!

***

En las alturas, el viento, que había soplado con una fuerza liberada, empujó las nubes a lo largo de varios de kilómetros y, habiendo logrado su propósito inicial, oscureció el ambiente de tal forma que todo se tiñó de una coloración ceniza. Las nubes, con su naturaleza ahora abultada y negra, expedían relámpagos incesantes y provocaban la sensación que, de un momento a otro, iban a explotar definitivamente. El sol, del que ya sólo se podía observar cierto resplandor y algunas de sus lanzas brillantes, moría sin luchar y estático, como si le hubiera sido suficiente su breve reinado.
-Con que sí, ¿no? -dijo el jardinero, destilando amargura.
Con movimientos presurosos, se sacó la chompa y el polo, y se amarró una faja de cuero alrededor de la cintura. Sin esperar un instante, cogió su hacha y, furiosamente, golpeó el árbol en su base. Repitió este acto numerosas veces, sin descanso ni para tomar un suspiro, hasta que logró dejar al aire libre el centro mismo del tronco. “Tendrá que derrumbarse”, pensó el jardinero, dirigiéndose al árbol. “A las buenas o a las malas”. Prosiguió con rabia cada vez más intensa, como si, en un arranque de locura, estuviera asestándole cuchillazos homicidas a una víctima que estuviera a punto de fenecer. Luego de uno minutos, con su entorno lleno de astillas de madera, el árbol empezó a inclinarse hacia la izquierda. Dejando la cuerda que uso anteriormente a un lado, lanzó terribles puntapiés contra la corteza pelada, y, rechinando estremecedoramente, el árbol se derrumbó.
-¡Le dije que no podría conmigo! -se exaltó el jardinero-. ¡Se lo dije!
Para que no haya duda de su logro, siguió asestándole tajos al árbol caído. Con el rostro y la espalda húmedos de sudor caliente, le dio duro a las ramas, casi sin distinguir las que eran pequeñas de aquellas de mayor tamaño. En quince minutos, y exhibiendo unos dedos encallecidos, tuvo a sus pies un enorme montículo verde y castaño. A continuación, aprehendió otro instrumento (una sierra), y prosiguió con el tronco desnudo. Sin conmoverse por la savia que se derramaba a manera de sangre, hirió progresivamente el cuerpo tendido, hasta sacar la primera rodaja de madera. Tres cuartos de hora después, no existía tronco, sino una docena de trozos circulares. “Aquí no acaba la cosa”, le dijo al árbol, mentalmente, mientras jadeaba de cansancio. “Sólo ha comenzado lo bueno”. Con el hacha, y ya gastando las últimas energías que le restaban, destrozó las mencionadas piezas y, como si fuera a prender una fogata, acumuló leña en grandes cantidades.
-¿Quién es el señor, pues? -dijo el jardinero, completamente cansado, pero orgulloso-. ¡Ahora dime quién es el señor!
-A quién le hablas, loco de mierda -gritó el señor, desde el interior de su casa.
El jardinero se volteó y, dirigiéndose al señor con un tono triunfante, le anunció: -¡Ya terminé! ¡Venga usted a ver cómo quedó!
El señor abrió la puerta y quedó callado, como si estuviera pensando la manera más punzante de responder un insulto.
-¡Tarado! -soltó por fin, y agregó, con la mirada ardiente: -¡Pero si allí esta el árbol! ¡Acaso tratas de reírte de mí!
Estupefacto, el jardinero dirigió su cabeza hacia atrás y, con las articulaciones temblorosas, se encontró con el árbol íntegro, tan igual como lo había visto a su llegada.
-¡Carajo, termina de una buena vez o ya no querré más tus servicios! -indicó el señor, y se marchó golpeando la puerta.
El jardinero, jalándose de las crenchas, gritó: -¡No puede ser! ¡No puede ser! ¡No le dejaré vencer! ¡No!

***

Explotando por un frenesí agresivo que le enfermaba la cabeza, el jardinero no reflexionó un momento, sólo se dejó llevar por el mero arranque del impulso, y empezó a empapar el árbol con la gasolina que tenía en una botella. Mojó la parte más expuesta, desde las zonas visibles de las raíces, hasta el tronco que se perdía por las ramas entreveradas. Como su pulso era descontrolado (no aguantaba la irritación que le producía haber sido derrotado dos veces por el árbol), manchaba el suelo y sus propios pies calzados con sandalias. Finalmente, empapó un trapo y, llevado por un afán piromaniaco, lo encendió con fósforos y lo arrojó al árbol. Este ardió como una antorcha gigante y crepitó sin cesar, expulsando densas humaredas negras.
-¡Le derroté! -saltó de alegría el jardinero-. ¡Ahora sí le derroté! -y se puso a reír con carcajadas enajenadas-: ¡Ja, ja, ja! ¡Ju, ju, ju!
El sol había desaparecido por completo, sin dejar siquiera un modesto rastro de su presencia. Las nubes, que eran las nuevas gobernantes del cielo, lucían un negro intenso y, además de reventar en fragorosos espasmos de luz, echaban rayos como si fueran brujos vengativos. El viento, perdiendo toda coordinación, soplaba a mansalva, entreverándose en desorden y careciendo de un sentido claro. De un momento a otro, se escuchó un tronar más fuerte que todos lo anteriores, y, por un instante, se vivió una atmósfera paralizada, como si el tiempo se hubiera detenido en una fotografía.
Y, con violencia, llovió.
-¡No! -chilló el jardinero-. ¡No se liberará de esta!
Las llamas del árbol, que habían crecido considerablemente, empezaron a apagarse, y el humo brotó en espirales como una serpiente encantada de su canasta. El jardinero, sin esperar un segundo, y con movimientos torpes por la desesperación, echó más gasolina, y, por casualidad, se empapó el pecho y las piernas.
¡No le dejare ganar! ¡No! -aulló, y, sin ninguna razón, volvió a lanzar risotadas-: ¡Ja, ja, ja! ¡Ju, ju, ju!
En seguida, prendió fuego. El árbol se envolvió en llamas, pero no con el mismo brío de antes. Con lo ojos desorbitados, el jardinero se puso a silbar, como lo hizo al principio del día. Pero ahora, acompañado de su música, también bailó, dejando huellas largas sobre el barro. Su tonada era exaltada, y hacía referencia a un triunfo supremo y una alegría espiritual. Era una melodía propia de fiestas carnavalescas, pues estaba compuesta de partes jubilosas y de un ánimo lujurioso. Pero, en lo profundo, tenía un aire lúgubre, que indicaba la melancolía que produce la proximidad de la muerte. Sonaba como el anuncio festivo y resignado de alguien que, pese a sus esfuerzos sobrehumanos, fallecerá.
El jardinero bajó mecánicamente la cabeza y, sin sorprenderse, descubrió que tenía la bota de su pantalón encendida. Ya sin cordura, se bañó con lo que restaba de gasolina, mientras expedía a grandes aullidos:- ¡Ja, ja, ja! ¡Ju, ju, ju!
Y, con el cuerpo en fuego a lo bonzo, gritó-: ¡Así usted morirá! ¡Morirá!
Y corrió a abrazarse al tronco del árbol: fuego y fuego se unieron y, hasta consumirse, no se apagaron.

***

No pasó mucho (de dos a tres horas) para que las nubes se desgastaran en su trance líquido, pues, a medida que evacuaban agua, se consumían al igual que cuerpos afectados por la hambruna. En un momento dado, desaparecieron del horizonte, y se presentó, con un aura renovada, quien gobernaba en un principio: el sol. Este, despidiendo su luz brillante, impartió una vida nueva a la atmósfera, que se mostró caliente y acogedora como una madre. El viento, por su lado, se relajó por completo, y únicamente se hacía sentir a manera de una brisa fresca que relaja los rostros y mueve con sutileza las cosas dóciles.
El señor salió de su casa y se encontró con una escena pavorosa: desperdigadas por el piso, había un hacha, una sierra, una soga, un recipiente y una tijera de podar; más allá, un cuerpo calcinado, que sólo mostraba como piezas intactas sus dientes blancos, se exhibía con un gesto furioso y tenso; y, al lado, el árbol se levantaba íntegro y con la vida lozana del que ha renacido.
-Pero… -se dijo el señor, sorprendido-. ¿Pero qué ha pasado?
De pronto, un ave negra se posó sobre una de las ramas gruesas del árbol. El señor, que la había visto llegar, cogió algunas piedras e intentó espantarla.
-¡Fuera! -decía-. ¡Fuera, monstruo!
Sin hacerle caso al señor, el ave negra abrió el pico y, haciendo primero unos gorgoritos, cantó con una sencillez sublime. Luego, esquivando uno de los proyectiles que le lanzaron, se marchó.
-¡Maldita! -le gritó el señor, alzando los puños-. ¡Maldita ave de mal agüero!

***

En la noche, bajo una luna colmada de reflejos, la esposa del señor murió luego de un vómito de sangre.

Monday, March 03, 2008

Afortunada

Segunda Parte
"Capítulo 6, Afortunada, de verdad Afortunada:

Sabelotodo buscaba y buscaba para que Zorbas le enseñara a volar.

Sabelotodo encontró que volar consistía en empujar el aire hacia atrás y hacia abajo.

Afortunada preguntó: ¿Por qué debo volar?

Sabelotodo respondía las gaviotas vuelan, es ¡terrible! que no sepas que las gaviotas no vuelan.

Afortunada no quería aprender a volar y tampoco quería ser gaviota.

Ella quería ser gato.

Afortunada se acercó en la entrada del bazar y se encontró con Matías.

Matías en una de sus tonterías le dijo que Zorbas y sus amigos están esperando hasta que engordes para que te den un buen festín.

Zorbas encontró a Afortunada y Zorbas le dijo si tenía hambre.

Pero la gaviota no habló.


Capítulo 7, Aprendiendo a Volar:

Afortunada estaba allí a punto de intentar su primer vuelo.

Afortunada pregunto ¿Las gaviotas vuelan en días de tormentas?

Lista de despegue dijo Afortunada,

Entonces empezaron a ver los pasos.

Afortunada batió las alas, se elevó pero de inmediato cayó.
Los gatos bajaron de la estantería y corrieron hacia ella.

Estaba con los ojos llenos de lágrimas.

Le dijeron que el primer vuelo nunca funcionaba.

De Historia de una gaviota y del gato que le enseño a volar de Luis Sepúlveda.

Sunday, February 17, 2008

Proyecto Quipu

Borrones y otros reabre sus puertas este 2008 con mucho entusiasmo y lo hace uniéndose a la red de blogs que participan del relanzamiento de Quipu, ampliación del proyecto de difusión de literatura escrita por nóveles escritores peruanos. Dejo la invitación del proyecto y los animo a seguir enviando sus textos a la dirección indicada abajo.

CONVOCATORIA
Quipu es un proyecto de difusión de la obra literaria de jóvenes escritores peruanos, de preferencia (pero no excluyentemente) provincianos y ajenos a los circuitos editoriales convencionales. Quipu invita a los escritores a participar en el proyecto enviando sus textos (poemas o cuentos) a la siguiente dirección electrónica: gfaveron@gmail.com

Cada dos semanas, se seleccionará un texto entre los recibidos en los últimos quince días, y el texto elegido será publicado simultáneamente en una red que cuenta hasta ahora con 22 blogs (Actualización: 23), un diario de circulación nacional y un programa de radio bilingüe en Alemania.

Los blogs son:
Kolumna Okupa, de Rocío Silva Santisteban
Moleskine Literario, de Iván Thays
Libros, de Javier Ágreda
La Soledad de la Página en Blanco, de Camilo Fernández Cozman
Lado B, de Juan Carlos Bondy
Haltestelle Iberoamerika, de Ute Petsch, Maja Schweiger et al.
Literatambo, de José Carlos Contreras
Gran Combo Club, de Silvio Rendón, Daniel Salas et al.
El Lápiz y el Martillo, de Javier Garvich
Letra Capital, de Carlos Sotomayor
La Peña Lingüística, de Miguel Rodríguez Mondoñedo
José Antonio Galloso, de José Antonio Galloso
Notas Canarias, de Fernando Velásquez
Amores Bizarros, de Max Palacios
La Fortaleza de la Soledad, de Gabriel Ruiz Ortega
Tanque de Casma, de Ernesto Carlín
Letras Lesivas, de Luis Ángel Pardo
Borrones y Otros, de Vanessa Soldevilla
Club de Artes y Letras, de Laura García
Mundo de Teatro, de Carlos Vargas Salgado
Enfrentados, de Jorge Malpartida Tabuchi
Puente Aéreo, de Gustavo Faverón
Quipu, de Gustavo Faverón

El diario de circulación nacional es El Peruano, a través de su suplemento Variedades. El programa de radio es Haltestelle Iberoamerika (Paradero Iberoamérica), que se transmite en dos estados alemanes y para todo el mundo por internet en www.querfunk.de En el programa, el texto seleccionado sería leído en español y en traducción al alemán.

BASES

Podrán enviar sus textos (cuentos o poemas) a Quipu todos aquellos escritores peruanos que cumplan con al menos UNO de los siguientes requisitos (no necesariamente con los tres; basta con cumplir uno):

1. Ser menor de 30 años.

2. No haber publicado más de dos libros (se preferirá a los autores inéditos).

3. No haber publicado nunca en una editorial limeña.

Repetimos: basta con cumplir con UNA de las tres condiciones anteriores. La dirección de envío es: gfaveron@gmail.com

Las bases no especifican que el autor deba ser del interior del país. Sin embargo, una de las intenciones centrales de Quipu es la difusión de la literatura escrita en provincias. Por ello se anima especialmente a los jóvenes escritores no limeños a participar, pero no se discriminará a los de la capital.

La decisión de cuáles de los cuentos recibidos serán publicados en Quipu será tomada por un grupo de evaluadores, de preferencia elegidos entre los administradores de los blogs participantes.

Friday, October 26, 2007





Tuesday, October 02, 2007

Octubre, mes de los millones de milagros

Sarita Colonia, ruega por nosotros que recurrimos a vos.
La información es poder, pero la fe es más poderosa, Padre (Palabras de Sara en un sueño según Las Crónicas perdidas de Nayra).
Feliz día de los periodistas a todos los buenos periodistas del mundo que leyeron todas sus lecturas del curso de Deontología en la universidad, en el instituto o en la calle y en la praxis, o en la vida de los otros que no tienen voz ni hablan.
ANUNCIOS
Invitación a ciclo de cine brasilero en el
Auditorio Municipal de San Isidro
El ciclo de cine se realizará todos los martes de octubre según programa.


PROGRAMA: CICLO DE CINE BRASILERO
Con el apoyo del Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica del Perú y la Embajada del Brasil.

Martes 2
DONDE LA TIERRA ACABA
De Sergio Machado, 2001 – 75´
Trozos de diarios, imágenes raras y declaraciones de amigos ayudan a dilucidar cómo, aún tan joven, el cineasta Mário Peixoto realizó una de las películas más emblemáticas del cine brasilero (Límite, 1931) y por qué jamás logró realizar otro largometraje.

Martes 9
No hay función por feriado no laborable.

Martes 16
EDIFICIO MASTER

Director: Eduardo Coutinho, 2002 – 110´- Ganador del Festival de Granado (2002) en la categoría Mejor Documental.
Un film antropológico, lúdico y hasta poético, basado en declaraciones y las vidas de los inquilinos de un edificio en Copacabana.

Martes 23
EL PUEBLO BRASILEÑO
Directora: Isa Grinspum Ferraz, 2000 – 260´- Documental.
Se basa en el libro O povo brasileiro, del antropólogo Darcy Ribeiro,y discute la formación de los brasileños, su origen mestizo y la singularidad del sincretismo cultural que de ello resultó. La serie cuenta con la participación de Chico Buarque, Tom Zé, Gilberto Gil, entre otras personalidades.

Martes 30
PAULINO DA VIOLA
Directora: Izabel Jaguaribe, 2003- 86´.
Esta película traza el perfil del cantante, instrumentista y compositor. Nos da a conocer quienes fueron sus maestros, sus influencias musicales y su rutina discreta. Pero la gran revelación viene de las reflexiones del músico sobre un único tema: El tiempo.

Hora: 7:30 p.m.
Ingreso libre


Octubre, mes del Señor de los milagros

Llegó la primavera a Lima junto con octubre y el mes del Señor de Los Milagros, tradición popular religiosa que se realiza este mes todos los años en el Perú. Espero que recobre su sentido verdadero y no se pierda en la Tradición del olvido. Octubre es verde, no importa si verde limón o verde manzana, o verde tomate, u otro de los 7 colores del Arco Iris. Es verde como la naturaleza de todas las niñas buenas y lindas que hay en el Perú cuando llega la primavera a Lima.

Firma en la página de

La niña buena- Pedro Suarez Vertiz

La canción va para todas las niñas y mujeres buenas del Perú y el mundo, que en mi país somos miles.

Y ...
Como diría un comentarista evangélico abajofirmante, un tal Monchito Ampurofuego (alias "buscandotrabajoycontactosonline"):

Señor de los Milagros, ¡ruega por nosotros!

P.D. de diciembre: No sé si se ha dado Ud. cuenta Sr. Jorge A. pero citar La Biblia al modo suyo sin ton explicativo y con cierto son falsamente divertido, de un tiempo a esta parte me parece por lo menos de los viejos "Campeonatosescolaresdecitasbíblicas con capítulo y versículo aprendidos con estilo memorioso" en los que no tuve el gusto de participar en los colegios católicos a los que asistí, para fortuna mía. Si no ha mirado más allá del basto horizonte de su religión, debería. Es sabido que existen elementos de error doctrinal tanto en su secta evangélica como en muchas otras religiones cristianas que se derogan la Verdad por encima de la "verdad" de las otras religiones a las que acusan de falsas o sectarias en base a una garrafal incapacidad de tolerancia. Pensé que aquellos ya eran cosa del pasado y de la mentalidad retrógrada de la gente con una formación religiosa y teológica demasiado básica para comprender con amplitud la complejidad de las creencias y la mentalidad de las religiones. Yo creía que aquellos ya había dejado de existir. ¿Qué pienso yo?... Verá, creo que todos esos errores, a los que usted también sucumbe probablemente por formación, son proporcionales (o tal vez exceden en proporción) a la ingenua reverencia de las imágenes de yeso que poseen las gentes populares de la católica ciudad limeña de Octubre... Recuerda Ud. la de Manolito: "Idolatrías, que le dicen". Va para usted la misma respuesta a ver si usted va haciendo lo propio y se va dehaciendo de las suyas.

Algo más. Si Dios existe o no, no es mi problema. Cuando llegué a este mundo ya las religiones se andaban debatiendo sobre el mismo tema, y ya existían ídolos falsos, doctrinas castrantes y demás verdades falsescas sobre la faz de la tierra. Ese tema es algo a lo que no estoy abocada desde que dejé de persignarme al pasar frente a una iglesia, así esta fuera la más maravillosa catedral del país más maravilloso del mundo. De eso ya muchos años y, créame, no he podido dar marcha atrás en la perdida de esa gloriosa ingenuidad de mi fervor primario por Dios, la iglesia y la doctrina. La vida no da marcha atrás, esa es su ley. Lea la estampita para mayores referencias contextuales, si en algo le sirven hacer una interpretación contextual de cualquier texto (así este sea un textículo bíblico) y necesita de un ejemplo escolar o académico para darse una idea. Preferiría un comentario lleno de ideas productivas a un listado de citas bíblicas si desea comentarme en el futuro. Que tenga suerte con la búsqueda de trabajo, las vírgenes, los ídolos y las citas bíblicas.