Saturday, December 31, 2005

Bienvenido año nuevo
Los mejores deseos y mayores éxitos en las nuevas páginas que estrenaremos pronto.

Besos, abrazos y muchas felicidades para todos desde aquí.
Vanessa

Wednesday, December 28, 2005

Cartas de amor

La película la vi en el cable ayer lunes, un día después de Navidad, hacia alguna hora de la tarde que no recuerdo bien (tal vez 2 ó 3 p.m.). Al parecer la volvieron a repetir hoy, pero no pude verla por diferentes circunstancias. Principalmente por el correo postal sobrecargado que envió abuelita María por Navidad y determinó mis viajes reiterados a Barranco desde hace dos semanas; y no precisamente a visitar a mis tíos y primos, sino a pedir información sobre un envío postal pre-navideño que nunca terminaba de llegar al Serpost local colmándome de una impaciencia insufrible. Pero, como dije, lo que quería es hablar de la película. La descubrí mientras hacía zaping e intentaba sacudirme la nochebuena, algo asi como sin querer queriendo. De hecho, el enganche con el tema de las cartas o envíos postales de la película -como el que yo esperaba- fue inmediato, pues esta también tenían que ver con el tema de las correspondencias, aunque con un tono más interesante y romántico que el mío. La cuestión es que mis premuras cotidianas fueron ganadas por la película, haciendo que el film me contagiara un dolor agudo que no creía posible. Toda esa sensación aún permanece conmigo, tal vez a ustedes les guste cuando la vean. El film tiene mucho de belleza sentimental que puede llegar a ilustrar algunas letras o hacernos vivir con imaginación doliente otras tantas. Aunque comencé a ver la película iniciada, quiero contarles lo que vi y animarlos a mirarla.

El film fue dirigido por Stanley Doney bajo el titulo de Cartas de Amor ( Love Letters-1999) y al parecer esta basado en la obra de A.R.Gurney. Trata de una pareja de muchachos llamados Melissa Gardner y Andrew Ladd unidos por un amor infantil que se cimenta en un tipo de contacto escritural bastante romántico: el intercambio de cartas personales a lo largo de la vida de la muchacha. Doney construye una historia a partir de la carencia de acciones argumentativas que desarrollen la novela de sus personajes al modo de las películas comunes y silvestres, como esos films de cuadros un tanto lineales a los que solemos estar acostumbrados. Por el contrario, en ésta el director ubica a Melissa (una mujer delgada, rubia y de ojos claros) en constante "diálogo" con Andrew (un muchacho alto y de preciosos ojos celestes, amigo, confidente sentimental enamorado eternamente de ella y también su amante). Ambos personajes se constituyen como completo y único centro integral de la película. En ésta, la historia se desarrolla a partir de un sugerido acto de lectura de cartas, que son más bien parlamentos conversados de los dos personajes, en la que el paso del tiempo se va ilustrando con el cambio de trajes, peinados y traslados por los diferentes rincones de una misma sala de estudio a lo largo de todo el film.
Tanto Melissa como Andrew van “leyendo” o “conversando” sus cartas cara a cara, al modo de una plática común. Las noticias, preguntas y respuestas de los dos son esperadas, y otra veces emitidas en dirección contraria con o sin obtención de respuesta alguna. A lo largo de esta extensa lectura de cartas convertida en conversación se puede reparar en las miradas atentas y/o evasivas con las que los personajes interactúan mientras se escuchan o evaden mutuamente. Se tiene por ejemplo manifestaciones de silencio o interrupción comunicativa cuando uno de los actores le da la espalda a su acompañante, no responde la pregunta o desaparece de la escena.

La película sugiere, a partir de recursos actorales y escénicos bastante sencillos, que las cartas se van intercambiando a lo largo de varios años comportando respuestas puntuales o demoradas, ausentes, silenciadas, interrumpidas o evadidas que alimentan y complejizan la relación comunicativa de la pareja. El nacimiento del amor entre ambos nace en la infancia y se solidifica de modo imperecedero en la absoluta confianza recíproca, el conocimiento mutuo y profundo de los pensamientos, sentimientos, debilidades y virtudes de cada uno por parte del otro. La historia de ambos, es una extensa, complicada y romántica carta de amor, por demás dolorosa, desarrollada a partir de la comunicación epistolar que los dos inician siendo muy jóvenes. Steven Weber (Andrew), encarna a un muchacho sumamente especial, un amigo personal que por haber estado muy cerca de ella, la conoce demasiado bien y se enamora de cada una de las cosas íntimas que forman su forma de ser. En el film se muestra siempre temeroso de confesarle su amor de manera directa, al parecer por algún tipo de timidez extrema que ha ido acumulando en sí mismo desde niño. La peculiaridad de su carácter lo convierte en un muchacho romántico que gusta de escribirle cartas a ella en una era de tecnología telefónica evidente. Laura Linnley (Melissa), interpreta a una muchacha bella y moderna, le pide que la llame y o visite con un constante y nulo éxito. El motivo de la negativa es el romanticismo de Andrew, es decir, de la enternecedora idea de que las cartas son como una suerte de registro imperecedero de las palabras que le remitía, “un papel al que ella siempre podría volver cada vez que lo quisiese”, algo que no podría suceder con las llamadas telefónicas, que eran más bien acciones temporalmente finitas que se perdían en el espacio apenas colgado el auricular telefónico. Por diferentes circunstancias -en las que media la espera de ella y la indecisión tímida de él- el teléfono ganó, y con él otro muchacho que si moría por llamarla y con el cual Melissa termina casándose. Andrew, por medio de una carta, rehúsa asistir a su boda e interrumpe las misivas para evitar el dolor. Las cartas expresan todo un juego de circunstancias dolorosas que ponen en debate una concepción del amor romántico nacido en la infancia, alimentado y construido a través de palabras.

Con el casamiento de ella y las consecuencias de la convivencia infeliz con un hombre que no ama, se reinicia el contacto comunicativo con Andrew por medio de la escritura de las cartas que ella se había rehusado escribir anteriormente. Ambos retoman el intercambio de cartas en la Navidad y ella empieza a ver en este tipo de contacto una forma de mantenerse cerca de él por medio de las diferentes noticias que va enviando o recibiendo a lo largo de los años. De ese modo los intereses artísticos de ella son alimentados y animados a través de las misivas de Andrew, y del otro lado ella también niega, anima, o apoya las diferentes empresas que él va trazando para su vida, como la participación en la guerra y la vida militar de su país y su posterior entrada en la vida política de USA. Los encuentros esporádicos de ambos se ven como momentos de alegría espontánea nacida al verse. Se conjuga un lenguaje amoroso visual interesante que es alimentado por las escenas de miradas, abrazos, o cogida de manos entre M. y A. Ante este amor secreto, se presentan en ella situaciones de depresión constante a las que sucumbe como una eterna enfermedad, y son momentos a los que él siempre acude a verla. La infelicidad depresiva es producto de los verdaderos sentimientos que mantiene escondidos causándole una completa desdicha puesto que no se atreve a finiquitar un matrimonio desdichado. Con el tiempo, ella decide divorciarse y termina su relación, pero es tarde. Existe otra mujer en la vida de Andrew, y él también decide casarse y envía una misiva matrimonial que ella también sabe rehusar. El tiempo que pasa entre ellos le da la razón al corazón y a las razones que en este anidan y a las cuales no pueden sobreponerse. Él se escuda en el matrimonio sin amor con una mujer a la que no ama realmente; ella en el arte y cuando no puede más, en el alcohol, los tratamientos, pastillas psiquiátricas y terapias antidepresivas.

Pese a amarse, la vida y sus circunstancias los aleja, pero también mantiene cerca a través de las cartas. Las respuestas y silencios, las alegrías, tristezas y buenas o malas nuevas comentadas a partir de ellas, se convierten en un modo de mantener un contacto poderoso, pero también frágil entre Melissa y Andrew a lo largo de muchos años. Con el tiempo, vencido por el amor, él sucumbe a ese estado al volverla a ver en una Exposición de sus piezas artísticas y se convierte en su amante. Dado el cargo importante que ocupaba dentro de la vida política norteamericana debe mantener bajo la sombra este amor, ocultándolo de la mirada pública. Esto ocasiona problemas en su matrimonio debido a la prensa amarilla que anda en busca de la noticia y provoca rumores de un amorío extramarital del conocido Senador. Se suceden cartas escondidas, llamadas telefónicas subrepticias que interrumpen los encuentros furtivos de ambos, con el tiempo él tiene se ve obligado a dejar de verla y ella sucumbe a un nuevo estado depresivo en el que ella se rehúsa a verlo y le pide ya no escribirle más cartas. Él insiste en seguir escribiendo pero ya no obtiene respuestas. La película culmina con la muerte o sugerido suicidio de Melissa, ante el cual Andrew cierra la película escribiendo la más desgarrada confesión amorosa escrita/dicha que no creo poder volver a escuchar en mi vida ¿Qué decía él en esa carta? Vean la película, y si encuentran algún método para una rápida recuperación de sus efectos, avísenme que lo necesito.

Accidentes y cartas interrumpidas

Venía a subir un post sobre una película bellísima que vi ayer en TNT y sobre la cual empezaba a escribir algo, pero he visto interrumpido el asunto por un accidente terrible ocurrido en mi blog. El post lo publicaré mañana y este va para ti Melissa.
Mil gracias!!! tú me introdujiste a este mundo y también acabas de salvarme. Es increíble como todo lo escrito puede irse a la nada con un simple click errado. Esa disolución instantánea me ha dejado perpleja, fría y aún estoy recuperándome.
Gracias, gracias, gracias, mil gracias por salvar este blog Wonder, es una fortuna que seas una navegadora nocturna de la internet y el msn! snif. Prometo no volver a tocar la plantilla de modo tan desastrozo. Recuperaré los links y numeraciones cuando se me haya pasado el susto.
Besos grandes para ti my Wondermeli, joder que te haces querer :´)
Vane

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Love Letters
Género: Drama
Actores: Steven Weber, Laura Linney, Emily Hampshire, Chas Lawter
Director: Stanley Doney
En la página de TNT señalan:
La eterna correspondencia entre Melissa Gardner y Andrew Ladd no solo los identifica como amigos fraternos sino que deja sus cartas como inevitable legado para una historia inovidable.
26 de diciembre 3pm

Tuesday, December 27, 2005

Preguntas, respuestas?

Existen preguntas que no poseen respuestas Elías, al menos, respuestas infalibles que se digan sin titubear, sin temerle a las mejillas sonrosadas, a la cabeza gacha y el cabello lacio ocultando nuestro rostro. Ese tipo de respuestas que pareces perseguir a menudo, esas que intuyo desde el corazón con cierto temor. Sucede así, y sobre todo sucede que existen preguntas que deben ser formuladas únicamente en presencia, sin juegos de por medio.

Sunday, December 25, 2005

Oh mar! Oh Omar


Omar Zevallo, un excelente amigo del periódico en el que trabajaba, acaba de enviar una tarjetita de Navidad con una de aquellas caricaturas que publica en OJO como saludos por fiestas para todos sus amig@s. Su lenguaje visual, desde lo que he podido apreciar, siempre ha sido sugestivo y genial (es tu lenguaje Omar, no hay nada que hacer).
Bueno, yo quiero compartir este regalo con todos Uds. por aquí. Gracias Omar!!!!!
Abrazos y besos para todos.
Feliz Navidad y mejor Año Nuevo 2006
Cariños
Vanessa

p.d: O. tienes que hacer un blog para publicar allí tus archivos de Omar sin fondo. Si??
Y una cosita pequeñita: mi tesis no es una "pastrulada"!!! Ya veras quien es el "pastrulo" cuando la termine mjmmm :)

Wednesday, December 21, 2005

Anoche salió el sol

Magdalena del Mar, martes
Querido Nick:
Espero que te encuentres bien estos días. Por aquí se mantienen algunos últimos días de frío, el invierno tarda en irse pero parece que el verano vendrá pronto. Las noticias son escasas por aquí, sin embargo mantengo la fe de que todo este bien en tu ciudad hasta tener nuevas misivas.
Ví a las nenas por la noche, llegué tarde como he estilado hacer en los últimos años, pero a Edith y Jaqui no les importó. La nenita me miró con sus bellos ojos al llegar a casa, me besó y mantuvo abrazada el tiempo que duró mi estancia allá y con ese gesto suyo hizo que la noche fuera suficiente para darle un poco de sol a mi vida, para recuperarte con todo ello un poco. El mar sigue siendo mío, pensé, y me abracé también a Jaqui con todas mis fuerzas. Quizá por eso hoy quería escribirte desde esta ciudad distante en la que mendigo tus cartas, escribirte para que tengas noticias mías mientras guardo la esperanza de que leas mis palabras, aunque finalmente me niegues la llegada de las tuyas. No pretendo justificación alguna de mis actos, pero necesito que sepas algunas cosas que había mantenido ocultas tras mis silencios, para que me comprendas...no lo sé, solo sé que necesito decirte cosas. Decirte por ejemplo que yo no tengo la culpa de lo que ha pasado. No podía ser feliz a costa de la infelicidad de otros, no podía. Esa es la única lealtad que no podía dejar de cumplir, aún a costa de mi propia infelicidad. Creo que esa parte de mi naturaleza la intuiste siempre, aunque no lo sé con certeza.
Quería decirte que tal vez por eso nunca pudo elegir mi corazón bipartito y preferí evadirlo todo quedándome en silencio. Quede inmovilizada, haciendo y deshaciendo mis manos perdidas en un hilo de angustias. Esa indecisión se cimentó en un hecho que nunca te revelé. Una vez te vi mirarla, no sé si te diste cuenta, pero te vi mirarla cuando llegó. Entonces pensé que aún tenías algo de ella en tu corazón. Y después de ese dolor punzante fue la tristeza de verla a ella haciendo lo que hacía al verme, mirarme de ese modo, con todo aquello que ella conocía de ti y que yo ignoraba. Yo te amaba, no me importaba saber más y me dolía demasiado todo aquello. Conocía únicamente tu mirada y las pocas cosas dichas a través de ellas, las pocas cosas compartidas cuando apenas empezabamos a conocernos y tú te acercabas por fin a mí después de tantos años de caminos llenos de casualidades. Fue extraña la sensación de observar aquello entonces, tú mirándola a ella. No sé si era tristeza, celos, rabia, no lo sé, sólo sé que agache la cabeza, cerré los ojos y ya no te miré más. Sentí que debía apartarme y seguir otro camino aunque tú demostraras que me querías o que sentías algo que yo aún no sabía que era, sólo ese dolor latiendo en el corazón. Aunque no fuese nada aquello, tus ojos me dañaban desde aquella vez en que se cruzaron casualmente con los míos en silencio ¿Lo recuerdas? Yo no sabía quién eras, no me importaba. No sabía cuantos años tenías, el lugar donde vivías ni toda tu historia pasada. No sabía que tú trabajo era vivir y leer libros en una biblioteca, mientras mirabas a la gente y tratabas de leerles el pensamiento. Tampoco supe a tiempo que fuiste un ángel que llegó así de improviso a mi vida, cuando yo me líaba con una soledad insoportable en medio de un desierto de gentes. Con el tiempo fue cruzarme contigo siempre por varios lugares de la casa, cruzar apenas unas cuantas palabras, alguna vez un saludo silencioso y esas dos veces que estuvimos juntos sentados en las escaleras del colegio, callados, sonriéndonos las palabras. Yo siempre creí que aquellos encuentros cotidianos contigo habian sido casuales. No, no sabía lo demás.
Me acompañabas en silencio mirándome desde lejos, con esa tu figura sobresaliendo entre las otras. Fue así que empecé a conocerte, ¿lo recuerdas? Yo no sabía que me descubriste antes que yo te descubriera a ti, no sabía de tus caminatas circulares, apenas de tu mirada sincera, dialogando conmigo sin palabras.
No sé en que momento, en que tiempo exacto tu mirada amable comenzaba a perseguirme en sueños, y yo empezaba a adorar como una chiquilla tus ojos. Me volvías una muchacha infiel que empezaba a dejar para siempre sus miedos y se encontraba en tu mirada, sentía que la comprendías y empezaba a temblar nerviosa por la forma insistente con que la mirabas. Dolía adentro Nick, lo suficiente como para no darme cuenta de las otras cosas.
No ha sido fácil para mí todo esto, creeme. Siempre los desencuentros, siempre los tropiezos y el dolor causado por mi culpa o por la tuya. Pero fue así, y cuando empezaste a dañarme aprendí a disimular el dolor, aprendí a no mirar más y alejarme a pesar que, ahora sé, te amaba. Tú llegaste sin que yo me diese cuenta de nada, sucede así supongo, y sucede sobre todo que una nunca lo advierte cabalmente cuando ocurre por primera vez. Esa indecisión ha sido siempre mi lado del océano Nikolas, aún ahora que me castigas con el silencio y la partida, y yo espero aquí las cartas que quiero creer perdidas en alguna oficina postal desde donde me las has remitido. Así sucede en tiempos de guerra me dijeron alguna vez en el correo, las cartas se pierden en diversas ciudades, no llegan a tiempo o simplemente no llegan, incluso las personas se pierden para siempre o ya no son las mismas cuando todo ha terminado y se hace preciso el regreso. Incluso algunas no vuelven. Esa es la vida que hemos llevado después de todo, siempre escondiendo en nosotros lo que guardamos en silencio por temor a arriegar demasiado.
Quiero decirte que no quiero esperar el otoño sin saber de ti, la angustia suele destrozarme todos los días desde la misma mañana en que marchaste de mis sueños para algún país nórdico lejano, mientras yo despertaba temprano sin poder retroceder el tiempo para decirte a los ojos que te quería, que hubiese querido acompañarte en la partida como única promesa atada a todo regreso, pero que mi orgullo hizo difícil esa palabra aún cuando me despertabas con tu ausencia tan de mañana. Esa madrugada al despertar, la mañana en que partías supe que había errado, pero ya nada podía hacer, ya nada puedo hacer ahora. Hasta ayer, me sentía cansada de batallar tanto con el cielo, durante tantos y tantos días, que se hacen meses, no sé si años. Pero anoche salió el sol con ese abrazo, y ese nuevo nacimiento le abre las puertas a una poquita de dulzura que me sabe a esperanza.
Ojalá esta nueva carta si llegue y tenga respuesta. No podré escribir ni una más. Aún si no la respondes o si esta nuevamente se pierde en alguna oficina postal sin llegar a tus manos. Quiero decirte que estas en mi corazón y que permanecerás aquí hasta que se apiade de mí el olvido, pues este es el único lugar donde puedo mantenerte cerca sin temor a extravíos.
Tuya.
M.

De Cartas a Carmen

Tuesday, December 20, 2005

Monday, December 19, 2005


Quisiera figurarme que no hay dolor, pero hasta las figuraciones duelen, no atienden el llamado, huyen, no aceptan revestir la sensación de estos días con mejores trajes. Duele más la optimista posibilidad del autoengaño, no querer aceptar que se sufre y que se preferiría mil veces el destierro a este camino de sueños que empiezan a perderse para siempre.

Tuesday, December 13, 2005

Thursday, December 08, 2005

Complejidades del corazón humano, ¿verdad Salinas?

"Nunca se entiende un sueño
más que cuando se quiere a un ser humano
despacio, muy despacio,
y sin mucha esperanza."

Largo Lamento. Pedro Salinas

¿Silencio decías, Lorca?

Yerma: Víctor.
Víctor: Dime.
Yerma: ¿Por qué te vas? Aquí las gentes te quieren.
Víctor: Yo me porté bien.
Yerma: Te portaste bien. Siendo un zagalón me llevaste una vez en brazos, ¿no recuerdas? Nunca se sabe lo que va a pasar.
Víctor: Todo cambia.
Yerma: Algunas cosas no cambian. Hay cosas encerradas detrás de los muros que no pueden cambiar porque nadie las oye.

García Lorca. Yerma (Cuadro segundo/Acto segundo)

Sunday, December 04, 2005

Lamentos

No sé inventarme una voz,
apenas sé decir: hola ¿cómo amaneciste hoy?
a mis ojos que intentan sonreír cada mañana frente al espejo.
He sabido caminar mil hojas, mil credos, y las mil batallas perdidas
que me erigen vencedora, sin embargo.
Mas adentro, constantemente,
toda la vida
cae
cae
cae
como la garúa de antaño cerca al mar,
cada mañana sin madre y sin mañana cae,
y el camino perdido que no regresa a casa,
y todas las tardes agotadas de infancia, como hoy,
inevitablemente caen.
No sé inventarme la alegría después de haber llorado tanto,
algo se ha perdido adentro sin remedio
y no sé
inventarme las palabras para traer todo aquello de regreso.
Ya no canto, he repetido unas mil veces
y de tanto cerrar los ojos
y la boca mustia me he quedado sin aire
y sin canción
como esta tarde.